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Ser mujer y vivir la maternidad por elección

 

“¡Mejor viajes que hijos!” ” Traer hijos al mundo es traerlos a sufrir” “Ser madre no es la mayor satisfacción de una mujer”. Leo muchas veces estos comentarios en las redes sociales y cuán lejos de la verdad suelen estar, son pensamientos que encasillan con fines de menospreciar  a quienes hemos decidido vivir la maternidad-crianza.

Durante años mis pensamientos fueron feministas y hubo un tiempo en que también me planteé la idea de no tener hijos. Por azares de la vida todo cambió y cuando realmente empecé la maternidad-crianza me encontré en un nuevo mundo extraordinario, me di cuenta de la importancia de criar. Porque traer hijos al mundo no es tarea fácil; no es fácil en lo económico, en lo social y en lo emocional. Siempre he pensado que ser madre o no, no es sinónimo del desarrollo de una mujer; ser madre o no, es una decisión de vida. Ser mujer, ser madre y vivir la maternidad-crianza son cosas diferentes.

Hace casi un año,  recibí la propuesta por parte de una amiga de entrar a un grupo feminista en la ciudad, sin embargo tuve que declinar a la invitación porque mi horario de mamá básicamente no me lo permitía. De un tiempo a la fecha me sentía en el limbo, soy una madre con ideas liberales y tendencias feministas pero a la vez soy una mujer ama de casa dedicada  100% a la maternidad.  No me identifico con la clásica  mujer abnegada del tipo de los años 50’s  pero suelo preocuparme por la decoración de mi mesa en ocasiones especiales, me preocupo por aprender nuevas recetas de cocina, hacer manualidades para mis hijos, leo sobre temas de maternidad (libros que jamás pensé llegar a leer y que ahora ocupan una parte importante de mi biblioteca). Vivía en en el limbo entre madres perfectas y madres rebeldes, pero poco a poco he ido encontrando mi nicho, un nicho en el que ser madre es también una profesión.

En la actualidad, resulta que ser ama de casa o madre es algo reprochable en un mundo con más mujeres profesionistas y en el que se lucha por la igualdad de derechos pero  acaso ¿elegir ser o no ser madre no es un derecho en sí? ¿Elegir vivir la maternidad no es acaso un derecho por el que también hemos luchado? El punto es que uno decide ser madre y vivir la maternidad, ya sea “desarrollarse” en el hogar o trabajar fuera de casa, y esto no debe ser por imposición sino una elección que se respete.  Dejar la carrera profesional y dedicarse a la crianza no tiene por qué ser mal visto. Mucho tiempo me sentí apenada de ir a juntas escolares y encontrarme con mujeres que desarrollaron su profesión y que piensan que ser amas de casas exclusivamente es algo que pertenece al pasado. Ahora yo les digo que abran su mentalidad y que se permitan conocer a mujeres que han abandonado sus carreras de negocios, nutrición, leyes, etc. para dedicarse a la maternidad; mujeres a quienes admiro y que a partir de la maternidad desarrollaron nuevas habilidades, emprendieron nuevos negocios, buscaron nuevas formas de desplegar su creatividad.

Me rodeo y conozco a grandes mujeres a quienes la maternidad les ayudó para darle un cambio a sus vidas, estudiar nuevas carreras, autoemplearse y formar sus propias empresas empezando de cero. Todo esto es una nueva llegada de mujeres con carrera que se quedan al cuidado de sus hijos porque así lo eligen ellas, mujeres que tiempo después deciden continuar en el ámbito laboral, mujeres que postergan sus estudios o sus trabajos por el tiempo que ellas decidan dedicar a la crianza de sus hijos. También conozco mujeres madres solteras y exitosas que han crecido solas a sus crías, que limitan su tiempo y faltan a juntas o festivales por estar trabajando, eso tampoco es un acto reprochable que deba ser estigmatizado por sectores conservadores más radicales  que señalan que el hecho de trabajar es hacer a un lado a los hijos (porque hay de todo: quienes piensan que las mujeres sólo deben dedicarse a ser madres y quienes piensan que las mujeres ya no deben ser madres, y en ese limbo nos encontramos las mujeres que “decidimos ser madres”).

Las madres que trabajan o viven en el hogar también pueden viajar, disfrutar la vida y -que quede claro-  quienes por “elección” nos dedicamos a la crianza parcial o de tiempo completo no traemos hijos a sufrir. Una mujer que decide la maternidad-crianza acepta los retos que esto conlleva, no es lo mismo a una mujer a quien se le ha impuesto ser madre y tiene hijos por obligación.

El punto al que quiero llegar es: ¡basta de reproches! ¡Y de escuchar a otros criticar y juzgar la manera en que llevamos la maternidad! Debemos aprender a escucharnos, a conocernos, a tomar verdadera conciencia sobre las mujeres que somos. Si vivimos una crianza parcial o completa es nuestra elección, nosotras conocemos nuestros espacios, nuestros límites y el tiempo en el que queremos movernos. ¡Basta de etiquetas! ¡Yo viajo con mis hijos y lo disfruto! ¡Yo no traje a mis hijos a sufrir porque estoy sentando las bases para su desarrollo! ¡Ser madre no me hace mejor mujer pero ser madre no me hace menos que tú! Aprendamos a respetar los tiempos de cada persona y cuando una mujer decida o no ser madre, apoyemos su decisión.

nosotros un día cualquiera
Mi vida con ellos no la cambiaría por nada

Princesas Disney ¿Por qué no?

¡Basta de quejarnos! si no nos “laten” las princesas busquemos nuestras opciones (…)! Pero si sigues con el terco argumento de que Disney debería cambiar el papel de sus chicas, la compañía ha optado por apostar en princesas independientes que escriben su propio destino y luchan por sus deseos. Nos angustiamos demasiado por la narrativa pasiva del mundo de princesas “clásicas” (las antiguas sí) y de lo irreales que son que no vemos lo positivo y queremos acabar con el deseo de las niñas de ser como ellas.

¡Estoy harta de ver como satanizan a las princesas Disney! sí satanizarlas, porque si no son p… son demoniacas, sumisas, interesadas, tontas y demás despectivos que por ser “mujeres lindas” se les atribuyen. Y es que todos hemos compartido videos o blogs hablando del mal ejemplo que vienen a ser estas señoritas de los cuentos de hadas que esperan ser rescatadas por el príncipe azul. He leído ciertos artículos que hablan sobre sus películas y los efectos negativos en las niñas al resaltar la feminidad  y entonces me pregunto ¿por qué no es negativo Cars en los niños cuando “resaltaría” su masculinidad? ¿Por qué continuar con la tendencia de querer cambiar el pensamiento de las niñas y decir que ser princesas no está bien? ¿ Por qué juzgar duramente a estos personajes de caricatura? ¿qué culpa tienen las “bonitas” de serlo? ¿por qué tener belleza, cantar bien y ser bondadosa no es tan bueno como volvernos verdes del enojo para convertirnos en un gigante musculoso? Y entonces nada nos embona y nos quejamos de que deberían existir más protagonistas superheroínas en el cine, pero criticamos a Disney que lleva años haciendo de las princesas sus personajes principales que no dudan en salir al rescate de su familia, de su pueblo o de ellas mismas (“egoístas les dicen”).

Continuando con todo lo negativo, las soberanas del imperio Disney son acusadas de motivar a los niños a querer comprar sus productos haciéndolos “consumistas” (como si Star Wars , por decir un ejemplo, no fuera una invasión de mercadotecnia). Ahora bien, podrán inundar los estantes con miles de juguetes pero si tus hijos son demandantes es porque así los criaste, al fin y al cabo tú eres quien paga por todo lo que tus hijos adquieren. Yo crecí viendo las películas de Disney y si bien recuerdo la única vez que realmente di de pataletas en el piso fue por una muñeca Barbie que tenía un envidiable vestido rosa tan esponjado que apenas cabía en el empaque. Aunque me gustaban las películas de princesas no lloré por sus juguetes a mis padres, no quise vestirme de ellas o tener una fiesta con esa temática, no hice cartas a los reyes para pedir productos con su dibujo impreso, ni siquiera me emocioné por querer  ir a Walt Disney World en Orlando Florida (lo digo con el tono de voz de aquellos comerciales de antaño). Somos los padres de ahora quienes hacemos a nuestros hijos consumistas y no las princesas en sí. Yo misma me he emocionado más que mis hijos cuando pasamos por el pasillo de juguetes y vemos los últimos artículos de princesas.

Deberíamos enseñar a nuestras crías ambas caras de la moneda, al mostrarles que no sólo existe el mundo de fantasía del ratocinto Miguel. El problema es que le dejamos toda la responsabilidad a la televisión y culpamos a las princesitas. En casa contaba con varias versiones de la historia, por una parte se apilaban las cajas de VHS de Disney y por otra, mi padre siempre me compraba libros de cuentos clásicos. Tuve la opción de elegir el final de las historias: cuando  las hermanas de la Sirenita sacrificaron sus cabelleras a cambio de una daga envenenada con la que debía matar al príncipe para ella salvarse, yo pensé que era mejor el final feliz de Ariel donde consigue matrimonio con el príncipe Eric;  lanzarme de un barco como la Sirenita de Andersen y convertirme en espuma de mar no era algo que hubiese hecho, ¡vaya! ni siquiera quise pensar en enterrar una daga en el corazón del príncipe (que no me amaba); para mí la versión de Disney era más fácil de digerir y opté por quedarme con ella. Mi hija, en cambio, me ha sorprendido al decirme que le ha gustado más el final del cuento original por parecer más “verdadero”.

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Así como mi padre me daba las opciones del libro y la película, yo ahora les doy a mis hijos las versiones de los libros, las películas de Disney y además los motivo a ver otras películas de compañías como Studio Ghibli. De este estudio japonés nos gusta ver principalmente producciones del director Hayao Miyazaki en las que sus protagonistas  son mujeres fuertes, inteligentes e independientes, algunas princesas y otras no, pero todas ellas desempeñan el papel de heroínas que “luchan con todas sus fuerzas por lo que creen”. Y es que ¡basta de quejarnos! si no nos “laten” las princesas busquemos nuestras opciones, en la televisión luego de los deberes diarios y si hay tiempo nos sentamos un rato a ver series como Sailor Moon, Star vs las fuerzas del mal, Gravity Falls con un personaje femenino  llamado Mabel que es una niña lista, graciosa y que tiene la colección más grande de abrigos que “cute” que pueda existir. Otra serie de dibujos animados que incluye mujeres es Hora de aventura con la Princesa Chicle o Dulce Princesa en México, cuyo color es rosa y aunque es un poco “fresa” es, además, una brillante científica (ser una princesa rosa no te hace tonta), otro personaje de esta serie animada es la Princesa Grumosa quien es la más “cool” de las fiestas aunque también es ruda y muy sincera. Y ya que hablamos de personajes femeninos destacables habré de recomendar el libro titulado “Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes” que contiene cien historias extraordinarias de mujeres “reales” que han sobresalido en diferentes campos. Mi hija recibió el libro como regalo de navidad de manos de su tía y cada noche lee dos páginas sobre la vida de sus protagonistas quienes han cambiado el mundo.

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Pero si sigues con el terco argumento de que Disney debería cambiar el papel de sus chicas, la compañía ha optado por apostar en princesas independientes que escriben su propio destino y luchan por sus deseos como Mérida, Elsa de Frozen, Moana, Mulán y otras más. Juzgar las historias de las primeras princesas -como Blanca Nieves- es juzgar parte de la literatura clásica infantil en la que están basadas, cuyas narrativas originales no son precisamente una apología a la igualdad de género por la época en que fueron escritas. Tenemos que entender el contexto en que se crearon las primeras cintas como Blanca Nieves (1937) y La Cenicienta (1950) épocas en las que se empezaba a dar voz a la mujer, por ejemplo en el México de 1953 apenas las mujeres pudieron expresar su opinión electoral a través del voto.

Cuando era pequeña le pregunté a mis primas cómo podría convertirme en una princesa real, ellas me respondieron que las princesas reales no existen en nuestro país, me sentí triste y muy decepcionada, de verdad quería vivir en un castillo y gobernar a todo el país. Entonces les pregunté qué era lo más cercano a una princesa en México y me respondieron que “un Presidente”.

-“¿y yo puedo ser presidente?”

-“No, en nuestro país los únicos presidentes son hombres” – respondieron.

Sus palabras cayeron como un balde de agua helada para una niña de 7 años. Hace poco mi hija me hizo la misma pregunta y yo pude responder de forma distinta, le hablé de cómo se crea la nobleza, algo desanimada me cuestionó sobre “qué era lo más cercano a una princesa en nuestro país” y entonces le dije: “un presidente y… las mujeres también pueden ser presidentes”. Mi respuesta la hizo sentirse motivada aunque luego de pensarlo opinó que el cargo de Presidente implicaba una gran responsabilidad,  responsabilidad de la que ella como niña no quería preocuparse, cuando fuese grande tal vez lo reconsideraría, por ahora era feliz de jugar con sus vestidos de princesas porque para ella estaba bien imaginar que su habitación era un bosque encantado en el que vivía. Busquemos un equilibrio con la realidad sin cortar la ilusión de un tajo, de ilusiones no se vive solamente pero la ilusión nos motiva a cumplir nuestros objetivos. ¿por qué querer que los niños no tengan ilusiones?

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Nos angustiamos demasiado por la narrativa pasiva del mundo de princesas “clásicas” (las antiguas sí) y de lo irreales que son que no vemos lo positivo y queremos acabar con el deseo de las niñas de ser como ellas. Las princesas desempeñan sus propios papeles de acuerdo a sus intereses en el contexto de la época en que vivían, Bella -quien era la única que leía en su pueblo- se enamora de la Bestia ¿qué culpa tuvo ella que gracias a su amor la bestia se convirtiera en un millonario y guapísimo príncipe? “¡Ah pero qué interesada era Bella!”; Cenicienta, a pesar de los malos tratos era buena con los ratoncitos de la casa (no importa tu condición social puedes aspirar a más y por más dura que sea tu situación no dejes de luchar y de ayudar a quienes lo necesiten) “¡Ah pero qué mal que Cenicienta se enamore de alguien que conoció en un baile!” pero ¿porqué los buenos sentimientos son menos loables que matar dragones, ganar carreras de autos, surcar los mares en galeones piratas?

Muchas de las críticas hacia las princesas de Disney vienen de padres que no quieren gastar sus salarios en tutús de Elsa o pelucas de Rapunzel y también de personas que ven las cosas desde una perspectiva adulta ya golpeada por la realidad. Se dice que tienen pocos diálogos y sus roles se limitan a esperar el príncipe azul cuando esto sólo aplica a las primeras princesas de la compañía y no a las nuevas princesas como Ana y Elsa que son las que toman la acción de la película sin necesidad de casarse al final; o bien podemos mencionar a Tiana una princesa no caucásica que siempre ha trabajado para poder abrir su propio restaurante. Las princesas actuales son inteligentes, aguerridas, compasivas y empáticas con el mundo que las rodea.

No digo que todo en el mundo de Disney sea bueno ni malo, es nuestro deber hacer de nuestros hijos personas críticas, claro no podemos exigir a un niño de 3 años un análisis de la película que acaba de ver, pero sí podemos -nosotros como adultos- observar con detalle lo que consideremos sean comportamientos desfavorables, evitar que los niños sigan conductas inadecuadas y hablar con nuestras crías sobres las características positivas de los personajes ya que muchas veces son el medio para acercarlos al mundo de la literatura. En lugar de comentar las características físicas como el cabello alborotado de Mérida digamos lo valerosa que es.  No digamos que Bella es muy bonita, en cambio mencionemos que es una mujer inteligente y con deseos de conocer más sobre el mundo que la rodea. Jazmín es valiente al no querer seguir con la tradición de casarse con un rico príncipe. Elsa es independiente y Ana es valiente al ir en búsqueda de su hermana (sororidad). Tal vez no todas las princesas encajen en los valores de nuestra familia, pero existen alternativas como Mulán o Moana quienes abandonan los roles de género previstos. Nos preocupamos tanto por el hecho de que las niñas quieran ser princesas pero no nos preocupa que nuestros hijos quieran ser piratas que provoquen el terror de los mares. Ariel ya no quería ser sirena, Jazmín deseaba escapar de una vida dentro de un palacio, Bella quería conocer más del mundo y leer más libros, Tiana emprender un negocio, Elsa vivir libremente; acaso las mujeres no pueden ir tras lo que quieren ¿es posible que únicamente los hombres tengan este derecho?

Finalmente les pregunto “¿por qué lo que es bueno para los niños es malo para las niñas?

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Un San Valentín en familia

Otra de las nuevas facetas en mi vida de madre ha sido interesarme nuevamente por las fechas especiales; por celebrar Pascua, Navidad, Día de muertos, reyes magos y, aunque parezca cursi, también San Valentín. No se trata de hacerlo con una actitud consumista sino de preparar algo especial, de manera diferente y creativa para romper con la cotidianidad, para animar a los más pequeños de la familia y para distraernos -los adultos- de las preocupaciones laborales. Son fechas para tomarnos una pausa, disfrutar de los nuestros y luego regresar a la rutina. Desde luego, cada quien celebra a su manera las fechas que quiera.

Aunque dar amor es algo que debemos cuidar todos los días con nuestra pareja, San Valentín es el pretexto perfecto para ser detallistas cuando no lo somos tanto habitualmente. Y es que festejar el día del amor y la amistad no sólo es para vivirlo en pareja sino también para convivir con los hijos ¿qué no es el amor de madre el amor más grande que se pueda sentir?

Al construir una familia y convertirnos en padre y madre la forma de festejar San Valentín cambia. Como dije, después de la maternidad le tomé gusto a las fiestas y cada vez que surge la oportunidad en casa la aprovechamos para cambiar el día habitual y hacer de esa fecha algo especial y mágico para los niños. A los pequeños les llena de alegría la llegada de san Valentín porque pueden comer chocolates, paletas de corazones, hacer intercambios y recibir cartitas, tanto de amigos como de nosotros los padres (una carta donde les digamos cuanto los amamos es siempre un bonito detalle).

Para nuestra familia, la celebración de San Valentín comienza con preparar un lunch especial para que los niños lleven a la escuela, agrego notitas de colores deseando un feliz día, comida en forma de corazones y alguna que otra botana para compartir con los amigos (palomitas, galletas, etc). Además, un día anterior preparamos bolsitas con dulces para regalar a los compañeros del salón; a los niños les encanta ayudar a envolver los chocolates o paletas y dedicar notas de cariño para sus amistades.

Ese día fue la primera vez que organizamos una velada sorpresa

Luego comienza la verdadera diversión, cuando después de dejar a los niños en las escuelas mamá prepara la comida especial. Este año he cocinado espagueti a la boloñesa que acompañamos con un buen vino y refresco de uva para los pequeños. Decorar la mesa con manteles blancos y servilletas rojas es lo que sigue, agregar globos con detalles de corazones, colocar la vajilla, preparar los regalos (si los hay). Por último, en el centro de nuestra mesa agregar la pieza final y más importante en cuanto a platillos: el famoso pastel de chocolate, extremadamente chocolatozo por dentro y por fuera, el ‘boom’ para que no se les acabe la pila a los niños en todo el resto de la jornada.

El pastel de chocolate es el favorito de la familia

Nosotros solemos regalar algo a cada miembro de la familia, no importa el precio pero que sepamos que ese regalo es lo que le gustará al otro integrante; en esta ocasión papá me ha regalado un tarro de metal y unas cervezas de sabores que él sabe son mis favoritas, yo le he obsequiado una cafetera francesa que sabía sería de su gusto; a mi hijo le hemos dado un par de carritos de su película preferida y a nuestra hija le obsequiamos un lindo bolso para poder transportar sus muñecos favoritos. Nuestros hijos nos han dado tarjetas con dibujos hechos por ellos, la más grande ya escribe así que a veces nos regala poemas. Todos nos emocionamos con los detalles.

Algunos de los regalos que le han dado a mi hija este año.

Con todo esto recalco que celebrar las fechas no tiene porque convertirse en un acto banal y consumista, yo más bien tiendo a ser una consumidora con consciencia, ser consciente de lo que realmente necesito y -aunque una que otra vez he pasado mi límite contemplado para gastar- casi siempre reutilizo lo que hay en casa, compro lo necesario para la comida especial y procuro no derrochar una fortuna en regalos, que como ya se ha dicho lo que importa es lo que se da con el corazón. Y más que el valor material, lo valioso es ver la sorpresa reflejada en los rostros de los pequeños cuando al llegar de clases ven una mesa preparada para la velada, mirar su cara de contento al brindar en copas de plástico y con refresco de uva mientras decimos unas palabras a la familia, gozar y agradecer la cena especial hecha por mamá, regocijarse al saborear los chocolates escogidos por papá y muchos otros disfrutes sencillos que, como ven, no hace falta gastar un dineral para crear un día mágico.

El amor debe darse todos los días. Debemos crear recuerdos positivos en nuestros hijos y sentar valores en su día a día, el amor y la amistad son piezas clave para fomentar el respeto y la tolerancia. De vez en cuando saltemos de la rutina para decirnos el amor que nos sentimos y que olvidamos decir muchas veces. Vivamos, festejemos, ríamos, lloremos también, que esta vida es una y hay que gozarla con los nuestros.