Un San Valentín en familia

Otra de las nuevas facetas en mi vida de madre ha sido interesarme nuevamente por las fechas especiales; por celebrar Pascua, Navidad, Día de muertos, reyes magos y, aunque parezca cursi, también San Valentín. No se trata de hacerlo con una actitud consumista sino de preparar algo especial, de manera diferente y creativa para romper con la cotidianidad, para animar a los más pequeños de la familia y para distraernos -los adultos- de las preocupaciones laborales. Son fechas para tomarnos una pausa, disfrutar de los nuestros y luego regresar a la rutina. Desde luego, cada quien celebra a su manera las fechas que quiera.

Aunque dar amor es algo que debemos cuidar todos los días con nuestra pareja, San Valentín es el pretexto perfecto para ser detallistas cuando no lo somos tanto habitualmente. Y es que festejar el día del amor y la amistad no sólo es para vivirlo en pareja sino también para convivir con los hijos ¿qué no es el amor de madre el amor más grande que se pueda sentir?

Al construir una familia y convertirnos en padre y madre la forma de festejar San Valentín cambia. Como dije, después de la maternidad le tomé gusto a las fiestas y cada vez que surge la oportunidad en casa la aprovechamos para cambiar el día habitual y hacer de esa fecha algo especial y mágico para los niños. A los pequeños les llena de alegría la llegada de san Valentín porque pueden comer chocolates, paletas de corazones, hacer intercambios y recibir cartitas, tanto de amigos como de nosotros los padres (una carta donde les digamos cuanto los amamos es siempre un bonito detalle).

Para nuestra familia, la celebración de San Valentín comienza con preparar un lunch especial para que los niños lleven a la escuela, agrego notitas de colores deseando un feliz día, comida en forma de corazones y alguna que otra botana para compartir con los amigos (palomitas, galletas, etc). Además, un día anterior preparamos bolsitas con dulces para regalar a los compañeros del salón; a los niños les encanta ayudar a envolver los chocolates o paletas y dedicar notas de cariño para sus amistades.

Ese día fue la primera vez que organizamos una velada sorpresa

Luego comienza la verdadera diversión, cuando después de dejar a los niños en las escuelas mamá prepara la comida especial. Este año he cocinado espagueti a la boloñesa que acompañamos con un buen vino y refresco de uva para los pequeños. Decorar la mesa con manteles blancos y servilletas rojas es lo que sigue, agregar globos con detalles de corazones, colocar la vajilla, preparar los regalos (si los hay). Por último, en el centro de nuestra mesa agregar la pieza final y más importante en cuanto a platillos: el famoso pastel de chocolate, extremadamente chocolatozo por dentro y por fuera, el ‘boom’ para que no se les acabe la pila a los niños en todo el resto de la jornada.

El pastel de chocolate es el favorito de la familia

Nosotros solemos regalar algo a cada miembro de la familia, no importa el precio pero que sepamos que ese regalo es lo que le gustará al otro integrante; en esta ocasión papá me ha regalado un tarro de metal y unas cervezas de sabores que él sabe son mis favoritas, yo le he obsequiado una cafetera francesa que sabía sería de su gusto; a mi hijo le hemos dado un par de carritos de su película preferida y a nuestra hija le obsequiamos un lindo bolso para poder transportar sus muñecos favoritos. Nuestros hijos nos han dado tarjetas con dibujos hechos por ellos, la más grade ya escribe así que a veces nos regala poemas. Todos nos emocionamos con los detalles.

Algunos de los regalos que le han dado a mi hija este año.

Con todo esto recalco que celebrar las fechas no tiene porque convertirse en un acto banal y consumista, yo más bien tiendo a ser una consumidora con consciencia, ser consciente de lo que realmente necesito y -aunque una que otra vez he pasado mi límite contemplado para gastar- casi siempre reutilizo lo que hay en casa, compro lo necesario para la comida especial y procuro no derrochar una fortuna en regalos, que como ya se ha dicho lo que importa es lo que se da con el corazón. Y más que el valor material, lo valioso es ver la sorpresa reflejada en los rostros de los pequeños cuando al llegar de clases ven una mesa preparada para la velada, mirar su cara de contento al brindar en copas de plástico y con refresco de uva mientras decimos unas palabras a la familia, gozar y agradecer la cena especial hecha por mamá, regocijarse al saborear los chocolates escogidos por papá y muchos otros disfrutes sencillos que, como ven, no hace falta gastar un dineral para crear un día mágico.

El amor debe darse todos los días. Debemos crear recuerdos positivos en nuestros hijos y sentar valores en su día a día, el amor y la amistad son piezas clave para fomentar el respeto y la tolerancia. De vez en cuando saltemos de la rutina para decirnos el amor que nos sentimos y que olvidamos decir muchas veces. Vivamos, festejemos, riamos, lloremos también, que esta vida es una y hay que gozarla con los nuestros.

Escrito por

Madre de dos, esposa y apasionada lectora, amo escribir y compartir mis experiencias con otras madres. Cada día es un nuevo aprendizaje, nunca un niño será igual a otro. Aún tengo un lado infantil que salta a la aventura cada que juego con mis hijos. Me gusta hablar de todo: alimentación, estilo de vida, moda, decoración, diversión, manualidades, educación, todo lo referente a la vida en familia cual mami alebrije que soy.

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